El peronismo está agazapado, presto a dar el salto interno hacia la derecha, si hace falta. Es un movimiento, le cabe la alternativa, y no se desdibujaría como fuerza política frente a la sociedad si eso sucede. Lo único por lo que deben preocuparse los peronistas es por seguir convenciendo a los argentinos de que son los únicos que saben manejar el poder y conducir al país. De hecho, la impericia de la oposición, en turnos golpistas y democráticos, han consolidado esa creencia que con suma habilidad se explota desde el justicialismo. De hecho, en dos décadas, en el PJ han pasado del menemismo al kirchnerismo, de un extremo al otro -algunos adhirieron a ambos sin ninguna vergüenza-, y el pueblo los reeligió en cada ocasión que pudo. Ahora bien, "derechizarse" a nivel nacional es mirar a Daniel Scioli. Hoy, claro. Su crecimiento, y el de la "diestra peruca", dependerá del humor social en 2013 y de los resultados electorales. Mejor aún, de la interpretación que se haga de los comicios. Como dijo un dirigente peronista en una breve charla a través de la red social: "todos están esperando"; que es lo mismo decir que sólo pueden haber globos de ensayo pero ningún paso firme porque el terreno no es seguro aún. Nadie puede decir ahora "quiero ser", ni Cristina. Alperovich está en la misma sintonía. Su dial ideológico está inmóvil.
El gobernador tucumano está impedido por razones constitucionales de aspirar a otro mandato y la continuidad del proyecto alperovichista está reducida a él o a su esposa, la senadora Beatriz Rojkés. En este aspecto no hay discusión doctrinaria que valga; la concepción movimientista del peronismo no tiene cabida en esta realidad. El matrimonio llegó al PJ por la ventana, se adueñó de él y obtuvo por vías de las urnas el acompañamiento del peronismo. Por eso el manejo del alperovichismo puro está lejos del debate ideológico que puede plantearse en el peronismo a escala nacional y provincial. El pragmatismo guía los pasos del mandatario y de su entorno. Por eso -dicen fuera de la Casa de Gobierno- es que mantiene contactos con Scioli. No querrá sorpresas si los vientos cambian y el timonel debe ser otro. Por ahora, la clave está en observar, o como decía Perón cuando aludía a la conducción política: "ver para apreciar, apreciar para resolver, resolver para actuar". Anexo: el líder decía algo más: "la política no se aprende, se comprende, y sólo comprendiéndola es posible realizarla racionalmente. Quien no domine el arte de la conducción no va a llegar al éxito". Después de esto habrá que mirar a los que conducen para determinar quién se ajusta a la definición.
Lo que parece, o se cree, o se desliza -hoy por hoy- es que el próximo presidente y el próximo gobernador de la provincia serán peronistas. Cabe imaginar, con esta sensación política que el justicialismo está en tiempos previos a la ebullición, en proceso de calentamiento. Es época de "eliminar" al que se atreva a asomar la cabeza y decir, con un mal cálculo, "yo soy". Es tiempo de instalarse, o de gestión, como dicen los que gobiernan, para eludir los perdigones de la crítica interna. En el peronismo esta lucha es fratricida, por más que hayan inventado aquello de que cuando se pelean, en realidad, se están multiplicando. Los peronistas entrados en años y que observan desde afuera, entienden que el próximo mandatario tucumano será de extracción peronista, y punto. No hay debate ideológico sobre si tiene rasgos k o humo sciolista, si viene de la izquierda o de la derecha. Por algo algunos referentes sindicales o del amayismo, cuando objetan a Alperovich lo hacen ensayando desde el sentimiento peronista. "Nosotros tenemos una doctrina social y cristiana. Y para ser peronistas no se necesita portar una ficha. Se necesita comprometerse con una filosofía de vida", supo decir, en queja, el concejal Germán Alfaro.